jueves, 21 de noviembre de 2013

SUPER VENTAS EN STOCK

Súper ventas en stock (Lorena y Gabriela)

Ventas en manera masiva
La publicidad ayuda mucho para hacer una venta mucho mas atractiva
Los celulares nuevos y música nueva tanto en CD como en internet
Muchos libros y películas apoyan su publicidad poniendo como referencia su mejor película o libro, dando ejemplos de películas premiadas o libros best seller
Extasis de cambio dentro de la continuidad
Son ventas enirmes que consisten en un producto que la gente ni siquiera conoce esto se da principalmente en libros, canciones y películas, característico por provocar locura



Cultura clip (Karla y Gladis)
Los clips empezaron cuando los artistas no podían viajar y crearon los clips para que todos pudieran verlos
Hacen cambios continuos en la persona para que llame la atención, crean música nueva incluyendo a otro artista para llamar mas la atención
La música mexicana de los 80's cuenta historias mexicanas
La clave del clip, es incluir música y gestos en la persona para que sea mas fácil de entender, visualmente sentir lo que el actor/actriz quieren proyectar
Se trata de divertir no de educar
No hay tiempo muerto en un clip para que no aburra, no hay tiempo muerto
Habla de la pornografía, haciendo closeups y enseñando órganos, la pornografía de antes tenia historia... Es el rush de sentir en poco tiempo



Idolos y stars (Andrea y Marcela)
La publicidad atrae al publico, poniendo a los famosos en fotos que llamen la atención, haciéndolos lucir espectaculares
“Stars” son personas rodeadas de lujos, gastan mucho en sus vestuarios para las premier y los eventos de famosos, las noticias de los amores efímeros también dan mucho de que hablar
Dice que el cine ha inventado estrellas mas realistas, aunque mantienen un status diferente
Las fotografías de antes eran las naturales, no existía el photoshop y la belleza era mas natural
Multistars, son personas que son cantantes, actores/actrices o hasta escritores
Idolatría a las stars, culto a la imagen
Búsqueda de individualidad, sus fans optan por ser igual que ellos, vestirse igual y tener el mismo estilo, imitar a la persona



Los media traspasan la pantalla (Mariel, Stephy y Luli)
Media se convierte en poderosos instrumentos que forman la integración de las personas, lo que vemos que hacen los famosos queremos hacerlo
Lo que vemos en la TV, queremos ir a los mismos lugares y hacer las mismas cosas
La política también influye en esto
Los individuos se definen con lo que ven, imitándolo

jueves, 14 de noviembre de 2013

LA PUBLICIDAD SACA LAS UÑAS...




ARTE CINE Y FOTOGRAFIA:


  • UN GRAN CAMBIO CON ESTOS CONCEPTOS Y AHORA SON CONSIDERADOS ARTE.
  • LA PUBLICIDAD ES EFIMERA, TIENE QUE CAMBIAR CONSTANTEMENTE.
  • EL CAMBIO EN LA PUBLICIDAD ES NECESARIO ASI COMO LA MODA.
  • LAS PERSONAS CAPTAMOS MEJOR LA PUBLICIDAD VISUAL, LOS ANUNCIOS QUE LLAMAN LA ATENCION VISUALMENTE SON LOS QUE CAUSAN MAS IMPACTO.

LA POLITICA TAMBIEN ESTA INVOLUCRADA, CREA ESTA PUBLICIDAD GRACIAS AL PRESTIGIO Y FAMA DE ESTAS PERSONAS, NOS QUIEREN HACER QUERER SER IGUALES, NO SER ALGUIEN COMUN Y CORRIENTE, SI NO ALCANZAR LA FAMA Y PRESTIGIO DE ESAS PERSONAS. 

LOS ARTISTAS TAMBIEN SON USADOS PARA MUCHA PUBLICIDAD POR LA MANERA EN LA QUE LLEVAN SUS VIDAS.

LA PUBLICIDAD TRABAJA CON LA PERSUASION HACIA EL ESPECTADOR, LA MAYORIA DE LA PUBLICIDAD NOS HACE QUERER TENER COSAS PENSANDO QUE NOS VEREMOS IGUAL QUE LAS PERSONAS DE CIERTO ANUNCIO, PERO NO ES ASI, ES UNA MANERA DE LLAMAR LA ATENCION, Y VISUALMENTE PENSAMOS QUE NOS VEREMOS IGUALES.


TERCER PARCIAL

SOCIEDAD DE CONSUMO:

RIGE LA NORMA DE LO EFIMERO
LO NUEVO ES LO SUPERIOR


  • ELEVAR EL NIVEL DE VIDA 
  • ABUNDANCIA DE ARTICULOS
  • CULTO A LOS OBJETOS
  • MORAL HEDONISTA
SE GENERALIZA EL PROCESO DE LA MODA, SURGEN LEYES DE LA PRODUCCION Y EL CONSUMO.

  • SEDUCCION
  • DIVERSIFICACION
  • OBSOLESCENCIA
LA SOCIEDAD ES MAS MATERIALISTA Y LA ABUNDANCIA DE LOS ARTICULOS QUE CAMBIAMOS CONSTANTEMENTE. LAS FIRMAS SE RENUEVAN CONSTANTEMENTE PARA LANZAR NUEVOS ARTICULOS, CON DIFERENCIAS Y VARIANTES MUY CHICAS.
SE PIENSAN LAS COSAS DESECHABLES Y OBJETOS DISEÑADOS PARA SU VENTA. 

LA FIEBRE CONSUMISTA ES ALGIEN QUE VIVE PARA COMPRAR, SE FIJA EN LA CALIDAD DEL PRODUCTO Y DONDE FUE COMPRADO, HASTA LLEGHA A SER MAS IMPORTANTE DONDE FUE ADQUIRIDO EL PRODUCTO Y NO TANTO EL PRODUCTO COMO TAL. 


LOS OBJETOS:

SE LES PROVOCA UN ENVEJECIMIENTO Y SE REALZAN LOS PRODUCTOS DEL MERCADO.
ESTAN EN CONSTANTE RELACION CON EL ESTILISMO Y LAS APARIENCIAS.

  • EL EXITO DE UN PRODUCTO SE DEBE EN PARTE AL DISEÑO, PRESENTACION Y ENVASE.
  • EL CLIENTE SE RIGE EN FUNCION DEL ASPECTO EXTERIOR.
  • EL DISEÑO BUSCA LA MEJORA FUNCIONAL DE LOS PRODUCTOS: EL DISEÑO NO TIENE COMO TAREA CONCEBIR OBJETOS AGRADABLES, SINO ENCONTRAR SOLUCIONES RACIONALES Y FUNCIONALES. 
UN ENCANTO LLAMADO DISEÑO. 
LOS OBJETOS TIENEN QUE TENER APARIENCIA PARA SU VENTA, TIENEN QUE SER BONITOS Y TIENEN QUE TENER FUNCION. 


SOCIEDADES DE CONSUMO:
CONSUMO DE MASAS Y CONSUMO DE PRESTIGIO.

  1. NOS HALLAMOS DE LLENO EN LA EPOCA DEL VALOR DE USO, DE LA FIABILIDAD, DE LAS GARANTIAS DE USO, DE LOS TESTS Y DE LA RELACION CALIDAD-PRECIO.
  2. SE BUSCA LA OPTIMA CALIDAD Y CONFORT, UNIDO A UNA IMAGEN Y PSICOLOGIA.
  3. LA ERA DE LA UTILIDAD DE LAS CLASES HA SIDO SUPLIDA POR LA ERA DEL PLACER, LA NOVEDAD Y LA SEDUCCION. 

martes, 29 de octubre de 2013

TRIBU URBANA HIPPIES





Empieza en Estados Unidos a comienzos de la década del 60.
Muchos agentes contribuyeron a su creación: una juventud con una ideología en contra de la guerra de Vietnam, (única que ha perdido) de la violencia, en protesta contra las diferencias raciales y sexuales; la revolución sexual causada por la aparición de la pastilla anticonceptiva fue otra de las causas, la sociedad consumista que aprisionaba a los jóvenes. 

Los hippies luchaban por un mundo igual, donde no haya pobreza, diferencias raciales, guerras o bienes privados y de consumo. Los hippies vivían en comunidades donde todo era de todos (no existían los bienes personales) así como las relaciones sexuales (no habían parejas sino orgias, ya que todo se compartía) vivían con ropa y alimentos naturales, y, por supuesto, marihuana, LSD, y entre otras drogas y alucinógenos para estar lejos de la realidad fría individualista violenta y discriminadora de los años 60, y querer alcanzar un estado de reflexión de Nirvana.




jueves, 17 de octubre de 2013

UNA MODA PARA VIVIR.



La inclinación hacia ‘el relax'  forma parte de la nueva etapa del individualismo.
Cierta aspiración por la ropa mas relajada, ropa que te permita hacer las cosas mas fácilmente.
En este tema los jeans merecen mas atención, su éxito nos lleva 30 años atrás siendo estos un icono de la segunda parte del siglo XX.
Esta prenda suele dar la impresión de uniformidad, aunque es mas que eso, esto es lo que quiere lograr. Dejando en duda la edad de quien los usa, hasta el sexo, los jeans puede usarlos desde alguien muy joven, hasta alguien de la tercera edad.
Aunque los jeans no son el ultimo grito de la moda, con ciertos cortes o detalles diferentes las personas han logrado adaptarlos para que se vean de temporada.

La fama que esta prenda ha tenido a través de los años no surgió de la nada, ademas de dejar en duda la edad de la persona, esta prenda se puede usar en cualquier tipo de ocasión combinando lo correctamente, no necesita ser planchada y aguanta el desgaste, no necesita algún tipo de lavado en especial y aguanta desgarres.

En este tema también hablamos del placer del cambio, la gente no cambia su apariencia por necesidad, si no por presión y por el estado de animo.
Van y se cortan o pintan el pelo por que ‘necesitan un cambio'.
Esto se transformo cada ves en algo mas psicológico, las compras de la moda ya no solo son por sociedad si no también de cierta forma terapéutico.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

SUBRAYADO

El tema de la moda lejos de ser un asunto meramente banal constituye un documento estético sociológico que da clara cuenta de las sensibilidades de una época, en particular de la voluntad de ruptura e innovación o, por otra parte, de férreo conservadurismo, quedando definido el asunto del vestir como un asunto sustancialmente político. La moda ésta en la calle y por lo tanto es parte constitutiva de la res pública. Por ello, este artículo, al intentar dar cuenta del fenómeno fashion, supone ampliar la reflexión –más allá del asunto relativo al vestir– al contexto sociocultural y antropológico que supone.
La moda ha pasado a formar parte de las preocupaciones políticas asociadas a la democratización. La idea de que las sociedades contemporáneas se organizan bajo la ley de la renovación imperativa, de la caducidad orquestada, de la imagen, del reclamo espectacular y de la diferenciación marginal fue desarrollada –principalmente– en Francia por autores situacionistas como Debord y los teóricos más atentos a los fenómenos de la modernidad tardía, los así llamados profetas de la postmodernidad, a saber Lipovetsky y Braudrillard.
Por su parte M. Kundera se concentra en la imagología, es decir, la capacidad de creación de simulacros y sucedáneos, como el milagro materialista de nuestro tiempo (1).
El devenir moda de nuestras sociedades se identifica con la institucionalización del consumo, la creación a gran escala de necesidades artificiales y a la normalización e hipercontrol de la vida privada.
Desde el periodo de entreguerras, con el surgimiento del “prêt à porter”, la moda del vestir no ha hecho más que avanzar en un continuo proceso de democratización.
En este sentido, la moda es un instrumento democrático que pretende lograr el consenso social, un medio, por otro lado dudoso, pues bajo la apariencia de una gran pluralidad y liberalidad genera una indiscutible homogeneidad.
La sociedad de consumo supone la programación de lo cotidiano; manipula y determina la vida individual y social en todos sus intersticios; todo se transforma en artificio e ilusión al servicio del imaginario capitalista y de los intereses de las clases dominantes. El imperio de la seducción y de la obsolescencia; el sistema fetichista de la apariencia y alienación generalizada (2).

La moda como espectáculo. Relaciones entre individualismo, frivolidad y poder
En las sociedades contemporáneas las novedades se han abierto paso a golpes de botas de cuero. Una fantasía individual, seguida por modelos anoréxicas, acompañadas de bandas rock y andróginos super-star. La autonomía de esta estética y de sus agentes sociales –los diseñadores– los nuevos gurús del poder de las apariencias (J.P. Gaultier, Alexander McQueen, Vivienne Westwood, John Galliano, etc.) han convertido el estreno de cada nueva colección en uno de los eventos más distintivos de la sociedad del espectáculo, en un fenómeno mediático que “pone en juego esa tensión radical entre un aparente individualismo, y una sutil masificación y alienación” (3).
El imperio de las marcas y el desfile de quinceañeras uniformadas en todo el mundo, son grupos que hacen de la moda “alternativa” otro objeto de consumo.
Por otra parte, cabe notar que, paradojalmente, un exceso crítico frente al carácter alienante de la moda, se convierte el mismo en una moda –postura o impostura – para uso de la clase intelectual.



Fashion y espectáculo
En algunos países se usa la expresión una “mujer producida” para referirse a aquella que ha fabricado o construido su imagen, ya sea con el maquillaje o el vestuario, en definitiva por el claro acento de su “look”. La expresión “producción” en este caso está asociada a los “productores” –de imagen– que se mueven en el mundo del espectáculo.
Cuando la moda accede a la modernidad se convierte en una empresa de creación –o producción– pero también en espectáculo publicitario.
Frente a la alta costura surge el “prêt–à–porter”, lo cual no significó en absoluto una democratización de la moda, sino más bien uniformidad o igualación de la apariencia; nuevos signos más sutiles y matizados, especialmente firmas, cortes, tejidos, fibras, continuaron asegurando las funciones de distinción y excelencia sociales. La democratización significó una reducción de los signos de diferenciación social, a criterios como la esbeltez, la juventud, el sex-appeal, la comodidad, la naturalidad y cierto minimalismo. La moda, en este sentido, no eliminó los signos de rango social, sino que los reemplazó promoviendo referencias que valoraban más los atributos de tipo más personal como los referidos, esbeltez, juventud, etc.
Pese a lo anterior podemos citar algunas estrategias para burlar estos nuevos imperativos. Andy Warhol en Mi Filosofía... señala que decidió “tener canas para que nadie pueda saber qué edad tenía y parecer más joven de lo que los otros creyeran que sería” (4). Su argumento era que ganaba mucho volviéndose canoso, pues todos se sorprenderían de lo joven que parecería y se sacaría de encima la responsabilidad de actuar como un joven: podría ocasionalmente caer en la excentricidad o en la senilidad y nadie opinaría al respecto dado su cabello canoso. “Cuando tienes canas –señala Warhol–, cada movimiento que haces parece joven y ágil en lugar de ser sólo normal” (5). Así pues, Warhol, se tiñó el pelo de blanco a los veinticuatro años.

El cuerpo como experimento
Volviendo a nuestra reflexión acerca de los cambios en los signos de status social promovidos por el imperio de la seducción, debemos atender a las exigencias que la moda hace al cuerpo, convirtiéndolo en un escenario de representación.
Estos cambios nos convierten en “primitivos modernos”. No cesamos de forzar los límites naturales del cuerpo para hacerlo más bello y deseable.
Según las culturas, se forma o se deforma la anatomía en una serie de experiencias dolorosas, que son parte integrante de nuestra civilización.
De todas las alteraciones corporales el tatuaje es la más extendida. Los “primitivos modernos” imitan a los auténticos primitivos inventando nuevos diseños que pueden llegar a cubrir todo el cuerpo.
Al modo como cuando a una muchacha de Etiopía se le introduce un disco de tierra cocida o de madera en el labio inferior. Cuanto mayor es la superficie en forma de plato, más bella y cara es la mujer. Al mismo tiempo ¿cuánto puede valer una modelo occidental que se ha engrosado los labios con inyecciones de silicona?
Los Ibitoes de Nueva Guinea valoran las cinturas angostas y para ello las comprimen con tiras de tela y madera. En nuestra sociedad un talle muy fino ha constituido el ideal de la belleza femenina.
Como se ve, al igual que el arte, la moda sigue las leyes del progreso técnico y se hace autónoma respecto a la belleza. Para el caso del vestir, por ejemplo, comprobamos en la actualidad la autonomía del vestido respecto al cuerpo –el caso tan conocido del tallaje– y respecto del diseño e incluso respecto del vestir mismo: las últimas tendencias consisten justamente en deconstruir el vestido (6).
En las fiestas de máscaras, también especie de ceremonias rituales vigentes aún en las sociedades contemporáneas, las personas parecen haber elegido cuidadosamente su disfraz y esa noche aunque sólo sea mientras dura la fiesta, serán aquello que siempre han querido ser. Se han librado de su disfraz cotidiano –del aspecto habitual que llevan al trabajo todos los días– y han decidido adoptar un aire seductor o trasgresor. El estado final de la metamorfosis es el personaje. Los simulados “punks” se han metamorfoseado en auténticos transgresores porque a su careta (personaje) le están permitidos todos los excesos que a ellos les están vetados. Una forma atávica y ritual de liberarse de los miedos e inhibiciones.

Un espectador distanciado tendría una curiosa sensación: la de que todo esto bien podría tratarse de una reunión en un local de moda: una pasarela. Aunque desde una óptica más antropológica, en las fiestas de máscaras podríamos encontrar también –siguiendo nuestra híbrida categoría del “primitivo moderno”– resonancias tribales.
La metamorfosis ha sido desde siempre una de las obsesiones recurrentes del ser humano y a menudo representa, de forma patente y brutal, el deseo implícito de subvertir lo establecido. Asociado a ella se puede adivinar el engaño, la apariencia, en otras palabras el disfraz.
Es necesario, sin embargo, distinguir entre metamorfosis e imitación: la metamorfosis es percibir como propias las características del otro, una posición cómoda de usar y tirar.
Lo peligroso de todo disfraz es que es posible acabar por encontrarse en la complicada y ambigua posición del travestido.
La metamorfosis en un ser del sexo contrario –o su imitación– es una de las más extendidas en la historia de la humanidad (la más básica pareja de opuestos). Se trata de esas mujeres con tacones altos y maquillajes exagerados, esos hombres con barbas y brazos inundados de tatuajes –sin duda calcomanías socorridas que mañana desaparecerán con agua –. Son las Marylyn’s y los marineros; no son hombres ni son mujeres, son la esencia de lo masculino y lo femenino, son lo narrativo del estereotipo.
Sin embargo, el estereotipo es una categorización reducida a sus rasgos más grotescos, esto es, a una caricatura. De modo que ser estereotipado es vivir una “identidad” clausurada por la mirada generalizadora y etiquetadora del otro. Como dirá Sartre “el otro es una mirada de la cual soy objeto” (7) y a través de ella logro mi objetividad.

La teatralidad de la vida social
Nos vestimos al caer en la cuenta de que estamos presentes ante otros, que son ajenos a nuestra (propia) interioridad. Ante esa mirada del otro configuro mi exterioridad como expresión de lo que soy. Esto nos enriquece, porque añade a nuestro ser corporal nuevos significados que expresan la riqueza interior, dándole así a nuestra apariencia (externa) una gran profundidad.
La constitución de nuestra identidad, como intento mostrar, tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva –que otorga consistencia a mi ser –, que me convierte en espectáculo. Ante él estoy en escena, experimentando las tortuosas exigencias de la teatralidad de la vida social.

Lo característico de la frivolidad es la ausencia de esencia, de peso, de centralidad en toda la realidad, y por tanto, la reducción de todo lo real a mera apariencia.
El éxito de la identidad prefabricada (8) radica en que cada uno la diseña de acuerdo con lo que previsiblemente triunfa –los valores en alza–. La moda, pues, no es sino un diseño utilitarista de la propia personalidad, sin profundidad, una especie de ingenuidad publicitaria en la cual cada uno se convierte en empresario de su propia apariencia.
El vestir dice algo de nosotros, pero no nos devela completamente, de modo que siempre queda algo por conocer. El vestido es un texto –un discurso – que debe ser leído, que se dirige a alguien; por eso es fundamental el punto de vista del observador.
El vestir es la mediación necesaria para el trato social. Nos da la posibilidad de entrar en diálogo con los demás en la clave que hayamos propuesto en cada caso. De modo tal que los demás se dirigen a nosotros según nos presentamos.
El vestir es una invitación al dialogo y, más precisamente, al tipo de dialogo que buscamos. Puede ser solamente una sugerencia, este es el caso de la elegancia.
La elegancia no es el lujo o la ostentación, y ni siquiera la riqueza del vestido, sino que es la finura en el trato con los que nos rodean; la elección adecuada para el dialogo adecuado con la persona adecuada.

La desicononización del símbolo
Pese a lo anterior, existen estrategias, alambicadas, algunas curiosas, otras para escapar al estigma del estereotipo o a las identidades prefabricadas. Una de ellas, por ejemplo, es la practicada por los hombres gay que se redefinen a través de sus propias estrategias de grupo –retomando modelos que pertenecían a una subcultura homosexual – y recuperan una identidad de macho, “passé” entre los heterosexuales de los ochentas, para rebelarse a un tiempo contra el estereotipo que de ellos tiene el grupo dominante y diferenciarse de ese grupo justamente a través de atributos que no deberían corresponder con la forma en que la sociedad tiende a verlos: afeminados.
En un momento histórico en que los hombres heterosexuales se replantean los símbolos de su masculinidad colectiva, éstos son retomados por los homosexuales como distintivo de grupo, en el fondo como “parodia de la masculinidad” (9). En el ejemplo comentado se asiste a la desiconización del símbolo: el bigote ya no está ligado al concepto de virilidad que la cultura dominante tiene, sino que pone la misma en entredicho; cualquiera puede ser viril, basta con pegarse un bigote. Este no es un heterosexual potente, pero tampoco es una mujer masculinizada, sino otro producto totalmente nuevo que replantea la esencia de las construcciones culturales al uso o sus implicaciones pasadas.
Tenemos, pues, que una característica de los movimientos contraculturales, suele ser la androginización de las personas dentro de un determinado grupo.
Si examinamos la cuestión de símbolos idénticos empleados como metáforas diferentes centrándose en un caso contracultural concreto, la iconografía lesbiana (como otro ejemplo), su propuesta se centra en el cambio que los símbolos masculinos sufren dentro de esta iconografía, aunque se sigan leyendo de idéntico modo desde la mirada dominante (desde el poder), incapaz de percibir las sutilezas de lo que está fuera de ella o deseosa de ignorarlas.
Entre los variados métodos para intentar burlar el imperio de la moda, los dictámenes de lo efímero, el poder de la estereotipación de la sociedad de consumo y la caducidad impuesta por la publicidad; en definitiva, para escapar a estos esquemas de dominación y al condicionamiento de la existencia –¿Cómo vestirse? ¿Cómo alimentarse? ¿Qué leer? ¿Dónde ir?– o, al menos, parecer lograrlo, podemos encontrar una curiosa estrategia: el empleo de un “dispositivo anti-masificación”, esto es un pequeño accesorio de moda añadido a un atuendo, por otra parte conservador, para demostrar que todavía se posee un destello de individualidad: corbatas retro de los años cuarenta y pendientes (en hombres), chapas feministas, anillos en la nariz (en mujeres), y la ahora casi extinta cola de caballo pequeña (en ambos sexos) (10).
Los “Media” –la información – provoca la deriva de las convicciones, la alineación, la imposibilidad de los individuos de reconocerse como sí mismos en las sociedades del spot y la fluctuación de los gustos.
Ante esto, la filosofía de Warhol– nos propone la táctica de conservar el estilo, tanto en los tiempos de alza, como en los de baja. “Cuando una persona es la belleza del momento y su aspecto está realmente al día, y entonces cambian los tiempos y cambian los gustos, y pasan diez años, si mantiene exactamente el mismo aspecto –señala Warhol– y no cambia nada y se cuida, sigue siendo una belleza. Los restaurantes Schraff fueron la belleza de su tiempo; luego quisieron mantenerse al día y se modificaron y renovaron hasta que perdieron todo su encanto y fueron comprados por una gran empresa. Pero, de haber mantenido el mismo aspecto y el mismo estilo y de haber aguantado durante los años de baja en que no estaban a la moda, hoy serían de lo mejor. Debes conservarte igual –aconseja Warhol– en períodos en que tu estilo ha dejado de ser popular porque, se es bueno, volverá y una vez más serás reconocido como una belleza” (11).

El vestido. De lo estético a lo público
Cómo he expuesto, el tema de la moda, o el fenómeno fashion, lejos de ser un asunto meramente banal constituye un documento estético sociológico que da clara cuenta de las sensibilidades de una época, en particular de la voluntad de ruptura o innovación y otra de férreo conservadurismo, quedando definido el asunto del vestir como un asunto sustancialmente político.
Como lo señala T. Veblen (12) el corsé “es sustancialmente una mutilación que la mujer debe soportar con la finalidad de reducir su vitalidad, provocándole forma cara y duradera su inviabilidad (su “invalidez”) para el trabajo… viéndose compensada con creces con lo que gana en reputación”, en demostración de riqueza, y, justamente como apariencia, y como eficaz obstáculo para cualquier esfuerzo útil, como el zapato de tacón aguja.
Ahora bien, la mujer trabajadora no utilizaba el corsé sino como imitación y lujo festivo.
Hay que decir también que a la necesidad de ostentación de los poderosos siguió –al final del Medioevo, y con el acceso al poder temporal de una nueva clase de mercaderes, la burguesía –, la exigencia de una apariencia austera: los burgueses debían adoptar códigos diferentes a los nobles, debían ser discretos, no mostrarse tanto, ocultar su fortuna para evitar envidias. Así la burguesía adoptó en masa el color negro, que indicaba sobriedad y discreción y poseía un doble significado: por una parte, enuncia a la apariencia ostensible de la aristocracia, y por otra, afirmación de riqueza. Una apariencia, pues, que juega con la modestia y la distinción, esto es, con la elegancia.
La indumentaria es la expresión más diferenciadora o –en sentido puro– discriminatoria de la vida social (13), que si bien es escenografía, es el único espacio vital en que podemos desplegar nuestra vida, instalando nuestros gustos en la realidad.
Y si las distinciones (lo distinguido) se envilecen o mueren al hacerse comunes existe un poder a cuyo cargo corre el estipular otras direcciones: es, decíamos, la opinión, pues la moda no ha sido nunca otra cosa más que la opinión en materia de indumentaria. “La indumentaria, –el traje, el vestido –, es el más enérgico de todos los símbolos, y por ello la Revolución Francesa fue también una cuestión de moda, un debate entre la seda y el paño: Es así como vestir es un acto tanto estético como político.

La moda ha contribuido también a la construcción del paraíso del capitalismo hegemónico. Sin duda, capitalismo y moda se retroalimentan. Ambos son el motor del deseo que se expresa y satisface consumiendo; ambos ponen en acción emociones y pasiones muy particulares, como la atracción por el lujo, por el exceso y la seducción. Ninguno de los dos conoce el reposo, avanzan según un movimiento cíclico no-racional, que no supone un progreso. En palabras de J. Baudrillard: “No hay un progreso continuo en esos ámbitos: la moda es arbitraria, pasajera, cíclica y no añade nada a las cualidades intrínsecas del individuo” (14). Del mismo modo es para él el consumo un proceso social no racional. La voluntad se ejerce –está casi obligada a ejercerse– solamente en forma de deseo, clausurando otras dimensiones que abocan al reposo, como son la creación, la aceptación y la contemplación. Tanto la moda como el capitalismo producen un ser humano excitado, aspecto característico del diseño de la personalidad en sociedad del espectáculo.

GEORG SIMMEL



  •     Vida como dualismo: Que existen dos, un producto de la separación por clases, y se comporta como muchos otros fenomenos parejos, sobre todo como el honor, la doble función consiste en formar un circulo social cerrado y, a la vez, separado de los demas. 

  •     Moda e imitacion: 'Autofirmarse'. La unidad que hace la moda en un circulo consecuentemente, la oclusión hermética de este circulo para los inferiores que quedan caracterizados por si exclusión de el. Dejan fuera a los imitadores. Naturalmente las clases inferiores aspiran a ser como las clases mas altas por ello son creadas las imitaciones a un precio mas accesible haciendo posible la compra por los consumidores de clases bajas. 

  •     Arbitrariedad de la moda: El querer no es lo mismo que ser. La arbitrariedad explica que la moda por mas fea que sea la  gente igual se la va a poner, por mas que no te guste, si quieres estar a la moda tienes que usarlo, la moda controla de cierta manera a la sociedad y viceversa. 

  •     Moda y clases: La moda mantiene en contante mutación las las formas sociales, la ropa, todo lo estético y todo lo que mantiene al hombre con cierta expresión. Sin embargo la moda solo mantiene su flujo sobre las clases sociales mas altas. Tan pronto como las clases mas bajas se apropian de esta cierta moda, las clases altas la cambian y sacan una nueva, para diferenciarse de las otras clases. 

  •     Moda y lo extranjero: Importar la moda del extranjero causa cierta emoción en las personas por algo que es diferente y esto une a las sociedades gracias a lo 'exótico' de las prendas, por ser diferentes a lo que estamos acostumbrados. 

  •     El traje nuevo: Los hombres trajeados de la misma manera se comportan igual, muy decentes y correctos, esto crea cierta similitud entre ellos. Los hombres que quieren y pueden seguir la moda, lo hacen, un traje nuevo determina tu manera de ser. Un traje viejo nos hace sentir mas cómodos, pero uno nuevo nos hace sentir diferentes y llamar la atención cosa que la mayoría de los humanos buscan.

  •     El traje de luto: El simbolismo de un traje negro sobre todo uno femenino causa igualdad y no resalta, pero tampoco falla. 

  •     La tragedia de la moda: Trae consigo la esencia de la moda aunque solo participe en ella una parte especifica de la sociedad, la otra parte trata de seguirla... 

  •     Modo y ritmo vital: El predominio que la moda adquiere en la cultura actual, penetrando en territorios hasta ahora intactos y en lo que ya existe se intensifica es decir es mayor el tiempo de su variación. 

  •     Moda y envidia: Como lo ya antes mencionado, la moda no puede ser abarcada por todas las personas, no con la misma elegancia y calidad, esto depende mucho de tu estatus social... Esto es lo que crea la envidia de alguien 'inferior' hacia alguien 'superior'. El poder de la gente de mas arriba de poder adquirir ciertos productos que no toda la gente puede, los hace sentir superiores. 

  •     El frenético de la moda: Esto es la exageración de la moda por no poder adquirir cierto articulo. Es llevar mas alla algo que esta de moda, y hacerlo ya sea mas grande, mas alto, las picudo, las peludo, brilloso etc. 

  •     La anti moda: Es creada por alguien que quiere demostrar cierto individualismo, llevando todo menos 'moda. Quien se viste o comporta de cierto modo 'demode' cobra sentimiento de individualismo pero por ir en contra de la sociedad.  

  •     La mujer y la moda: El querer llamar la atención y sentirse admiradas de una buena manera hacer que la mujer sean secuaces de la moda. La debilidad de la posición social que las mujeres han querido por mucho tiempo ha echo que quieran todo lo de 'buen uso' y lo 'debido'.

  •     La moda como mascara: La variabilidad de la moda se contrapone siempre con nuestro verdadero yo, es por eso que se dice que de cierta manera es una mascara. 



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